Registro de textos para las muestras

LA PINTURA COMO RITUAL

En el año 2007 comencé una investigación sobre las representaciones sociales de los poseedores de obras de José Negro, Antonio Ballerini y Carlos Emilio Castagnino, pintores que vivieron y trabajaron en la Ciudad de Corrientes hasta fines de la década del 60 del siglo pasado.
Al iniciar el proyecto la obra de estos artistas no tenía especial interés para mí, se trataba en su mayoría de paisajes resueltos al modo impresionista. Mi atención se enfocaba en la interpretación de los relatos de los actuales poseedores para describir lo que era “el arte” para ellos y, de algún modo,  estudiar el desarrollo local del sistema de legitimación social-institucional como condicionante de las prácticas artísticas contemporáneas en Corrientes.
En el devenir de la pesquisa me encontré con que los entrevistados se emocionaban cuando hacían referencia a alguna circunstancia personal relacionada con el objeto; el momento emotivo no tenía relación directa con lo representado en la obra ni con la manera en que estaba pintada.
Como siempre, el camino enriquece y nos sorprende. En ese camino me encontré entrevistando al pintor Carlos Longa y cuando transcribí la entrevista no sabía si lo que recordaba eran las circunstancias del encuentro o mis recuerdos se confundían con la luz de esa mañana, hacía casi setenta años, en que él cargaba el caballete de Ballerini para ir a pintar al aire libre en los alrededores de la ciudad. Las manos de Longa se desplegaban en el aire y acompañaban un relato en que la mañana era hermosa y el caballete era hermoso y la sombrilla era hermosa y los trazos de azul-violeta diluido eran hermosos esbozando un paisaje hermoso.
Yo, pintor, escuchando a un pintor hablando con admiración de otro pintor pintando.
En la producción de piezas para esta muestra revisito la rutina del pintor, reviso el recuerdo de los detalles de algunas pinturas que vi. Exploro la carga de materia, la sugerencia de espacio por contraste de temperatura y  dirección de la pincelada. Es un proceso donde la atención va de lo particular a lo particular respondiendo al estímulo visual del juego plástico. No hay anécdota ni pretende representar algo. El referente es la pintura. Una pintura de otra época. Un oficio de otra época. Una época en que creía en algo.
Frente a la tela estamos solos con la soledad de los otros artistas. La pintura hace un hueco para que intuyamos eso que no puede decirse. En este momento soy un pintor que continúa el ritual de la pintura. Uno más.
 El espectador tendrá que disponerse a una mirada atenta, interesada, que amplíe el foco para acceder al detalle. Como si hiciera el gesto táctil de ampliar la imagen que llegó por whats app para verla mejor. Tal vez llegue en un momento inoportuno. Tal vez no vea nada y elimine la foto. O será un instante. Un instante fugaz. Eso nomás es el arte. Y no está en la pintura.
Hugo Justiniano



Para la muestra "Pertenencias"
FNA. CABA. 2010


Hugo Justiniano construye un discurso plástico a partir de la superposición de elementos, muchas veces con acertada intencionalidad pero algunas también de manera azarosa, como si se tratara de un manuscrito en el que desea conservar las huellas de una escritura previa para enriquecer ese nuevo decir. En cada obra evoca la representación del desnudo femenino, de los cánones de belleza abordados por el arte, poniendo en evidencia formas contundentes, velando los rastros de otro discurso e incluso generando una sugerente composición para concebir su particular y potente estética. 
Gustavo Insaurralde



Texto para el catálogo de la muestra ¿Y QUÉ ENGAÚ ES EL ARTE?
Centro Cultural Adolfo Mors. Corrientes. 2008

Más o menos, todos los artistas que nacieron y se (mal)criaron en esta provincia se hicieron la misma pregunta: ¿y qué ngaú...? ¿Y qué ngaú es ser artista en un lugar que no lo reconoce? ¿Y qué ngaú es el arte?
Hugo Justiniano se apropia de este interrogante y le da una connotación casi pendenciera. En esta serie de obras, se pregunta y se responde, a su modo, con las respuestas que a él le calzan mejor. El arte para Hugo son los dibujitos hechos para gustar a su mamá y a su maestra. Los cuadros hechos para gustar a las minas. Porque Hugo, dentro del arte, sigue queriendo gustar, fiel a esa vanidad que es indispensable ¡cómo no! para el artista (¿y qué ngaú conque así sea?)
Recreaciones de la pornografía naif de la década de los veinte, mujeres de formas llenas y de hermosa y humana desnudez que contraviene los cánones plásticos noventasesentanoventosos (¿y qué ngaú? ¿no son lindas así, desparramaditas y sanas?), ocultando-insinuando mensajes escritos y borroneados en paredes usadas como fondos; una Mata Hari rolliza que no se percata, o hace como que no, de una pintada icónica y con sabor a historia de la política argentina, esa “j” antecediendo a una “p” que no necesita explicación.
Un Justiniano un poco más joven se topó en un sótano hasta ahí clausurado con una colección de revistas eróticas del año de ñaupa, y apresó su estética para enfrentarla a graffiti guarangos, políticos o sencillamente jodones, y postular otros mensajes nacidos de la conjunción de ambos. O no, ¿y qué ngaú? ¿No es válida también la apatía como instrumento artístico?
Hugo Justiniano, buscalíos, nos increpa-inquiere de esta manera. Me atrevo a intervenir su concepto para completarlo con otra correntinada de esas de criatura, de la época donde él dibujaba monitos complacientes: ¿y qué ngaú? ¿Qué pá e’ si soy así y hago esto?



Nicolás Toledo

Corrientes
Septiembre 2008



Texto para el registro de la Serie TOPOGRAFÍA DEL PAÑO
CABA. 2007.

Hugo Justiniano (1967) aborda la fotografía como un recurso estético para registrar sus hallazgos cotidianos. Los objetos captados son llevados hasta el límite de lo identificable con el propósito de descubrir y establecer
nuevas formas creando una particular estética desde esa abstracción intencional. La serie ensaya una lograda búsqueda de imágenes que trasmiten la atractiva belleza de lo sutil, de aquello que insinúa. El territorio creativo de este artista se articula entre la forma y el concepto, pero se consolida en el rescate privilegiado de la imagen como elemento primordial y definitorio de la producción.

Gustavo Insaurralde
Mayo de 2007